Dos Hijos Y Un Postgrado

Suena el despertador… son las 5:00 de la mañana, brevemente lo apago para no despertar a nadie más, en la mente digo 5 minutos más y me levanto… una ducha rápida, mientras alisto mi maleta para ir al hospital, alisto la lonchera la noche anterior ¿ya le pregunté qué quería llevar?, preparo la pañalera, pañales, una parada de ropa, ¡que no falte nada!

Ya son las 6:00 es hora de despertar; ella se llama Amelia tiene 4 años es la primera sobreviviente del Postgrado de Emergencias y Desastres cuando este sueño empezó ella acababa de cumplir un año, nos cambió la vida a las dos, fue dos años a la guardería y ahora ya va a la escuela, nuestro día empieza muy temprano, siempre trato de dejarle dormir un poquito más le pongo el uniforme, le preparo el desayuno, “que no me pida algo difícil” pienso a ratos, mientras desayuna le peino, hay que levarnos la boca y arreglarnos, a las 7:10 pasa el bus y no nos podemos atrasar, a las 7:00 mami entra al hospital, ya está tan acostumbrada que cada vez son menos las veces que me reprocha que no le dejo en el bus, que no estoy cuando regresa, que ella también quiere ir conmigo al hospital…

 Él se llama Arturo, si algún día creí que los príncipes existían con él se hizo todo realidad, tiene 1 año 10 meses nació durante mi segundo año de residencia, fue todo un reto lograr sobrellevar un postgrado, la maternidad con Amelia y el embarazo de Arturo, un camino de 9 meses lleno de obstáculos, noches enteras sin dormir, ¡pero lo logramos! “Mamá tú lo puedes todo” dice Amelia…

Si por el apuro o el ruido se despertó pasadas las 6:00 la rutina se vuelve una locura, él también quiere algo de desayuno, con su pijama de patas me persigue para que lo peine, hay que cambiarle el pañal, quiere un beso o solo jugar un rato, cuando me voy corriendo se queda llorando, yo me voy con el corazón en la mano…

Y ya en el hospital pues el día se vuelve normal, ver algunos pacientes, una buena charla con amigos, es inevitable no hablar de ellos, cada día hay una nueva foto, una travesura, una historia para contar… es que entre la medicina y ellos prácticamente se llena mi mundo… ya se acerca la hora de salida y solo pienso en ¿cuánto tiempo tengo para correr a verlos? Trato de no dejar nada pendiente y volar a casa para almorzar juntos, otra vez empieza la rutina… no hay nada que me ilumine más el día que saludar con ellos, ¡¡¡mamá!!! ¡¡¡Mami!!! Un abrazo de oso, un beso baboso y a almorzar, un par de historias comemos rapidito nos cambiamos de ropa y salir corriendo a clases, no todos quieren cuidar dos niños; “Amelia  quieres venir conmigo?” La mayoría de veces es sí, pongo mi cuaderno unas galletitas y leche, las pinturas, un juguete chiquito y un premio… “Voy con mi mami a aprender” dice ella con entusiasmo, hay clases buenas y otras no tanto pero siempre logramos llegar hasta el final sin problema, a veces el clima nos juega sucio, salimos juntas, se duerme en el taxi, la cargo, le acaricio la cabeza, le abrazo, aprovecho cada segundo hasta llegar a la casa…

Estamos juntos otra vez y ya es de noche, tengo tarea que hacer, mucho para leer, ¡¡¡quisiera también descansar ver un poquito de tele!!! “Mami pon dibujos animados” dice ella, y si mientras trato de leer un poco veo dibujos animados, nos abrazamos, comemos algo… ya casi es hora de dormir… “Se duermen y me pongo al día ” pienso ingenuamente antes de quedarme dormida con ellos… así termina mi día lleno de amor y con tareas pendientes… Y así vivimos el día a día, entre cuentos de hadas y las crudas historias de la Emergencia, sus juegos en los que siempre necesitan un doctor, hablando de enfermedades y partes del cuerpo raras, el orgullo con el que hablan de su mamá médico y el orgullo que siento yo de tener los hijos que tengo… mis dos grandes amores y la vida caóticamente hermosa de la emergencia…

 

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